El Museo Unicaja de Artes y Costumbres Populares de Málaga, de la Fundación Unicaja, se inaugura el 23 de octubre de 1976 en el recuperado Mesón de la Victoria, antigua posada del siglo XVII.


Sus antecedentes arrancan en los años sesenta, a la par de la inauguración del Museo de Bellas Artes (1961), concebido con dos secciones más: la arqueológica y la etnográfica.  Para esta última no se contaba con ubicación fija, pues el planteamiento museográfico existente concebía una adecuación entre continente y contenido, no resuelto arquitectónicamente hablando, para la exposición de objetos considerados con valor artístico dentro de la categoría de Arte Popular.

El primer material recabado para este fin fue colocado en unas dependencias cedidas por la Sociedad Económica de Amigos del País, en el antiguo edificio del Montepío de Viñeros situado en la Plaza de la Constitución. En 1974 se ultima la compra del antiguo Mesón de la Victoria, abandonado y en estado de ruina, que se comienza a restaurar y acondicionar para su conversión en Museo, proceso que dura hasta el año 1976, en que se inaugura.


El objetivo inicial fue el poner en práctica en la ciudad una política gubernamental sobre la conservación y recuperación del patrimonio etnográfico, que hacia concebir este tipo de museos como vehículo de exposición de las investigaciones en este campo.

Esta concepción arranca del siglo XIX, concretamente del Romanticismo, movimiento que promovía un mayor y más completo conocimiento del individuo a partir del análisis de las relaciones que se establecen entre éste y su entorno. De este modo, el medio, la cultura e historia local, adquirían una consideración hasta ahora inigualada. De lo más concreto a lo más intelectualizado, el folclore, lo íntimo por lo cotidiano, o lo más elemental, como base de plataforma sobre la que se apoya el hombre/individuo para su completa realización como tal, se convertían en un material científico investigable.

El objeto, realizado como un producto de base para cubrir las necesidades más inmediatas del individuo, se transformaba, mediante esta filosofía, en un medio de identificación del individuo por ser exposición de un contexto, de su contexto y por lo mismo, identificador del medio y representativo de unas circunstancias contextuales.

Mediante este criterio se justifica la extrapolación del objeto artesanal/popular a objeto de museo; circunstancia que lo connota de valores dignificantes y de singularidad hasta reconvertirlo en exponente de un modo de vida.

Patio en la parte trasera del Museo

El criterio de valoración radicaba en la utilidad/función, intelectualizando la forma hacia la valoración estética mediante esa adecuación forma/función. Criterio poetizado por Octavio Paz cuando los define como…

…Objetos sin tiempo ni medida… que se defiende honorablemente…no es el ejemplar único, es la muestra. Es un ejemplar cautivo, no un ídolo.

Este postulado sobre los objetivos y funciones de los Museos de Artes Populares llevada al plano de lo concreto se traduce, en Málaga, en un plan de selección y ordenación de piezas que pretende resumir la esencia de Málaga como provincia y ciudad, a través de la representación de toda su variedad. Unos objetivos que, como veremos más adelante, se han visto sustancialmente modificados por otra realidad más llamativa: la de insistir en la definición del espacio de Málaga a partir de sus tradicionales claves de identificación; donde, de nuevo, lo llamativo, por excepcional, va a primar por encima de lo puramente definidor de lo popular.